Está de moda no tener novio.

Está de moda no tener novio

Hay frases que antes se decían en voz baja, como si fueran confesiones incómodas. “No tengo novio” era una de ellas. Se decía con una sonrisa nerviosa, con una explicación inmediata, como si hiciera falta justificar la autonomía. Pero algo ha cambiado. Esta semana, Vogue lo dijo sin rodeos: “Ya no está de moda tener novio”. Y no lo dijo como provocación, sino como diagnóstico cultural.

Y yo, que he escrito sobre vínculos, sobre despedidas, sobre rituales de amor y de pérdida, me detuve. Porque lo que antes era ausencia, ahora es elección. Porque lo que antes era falta, ahora es forma. Porque estar sola ya no es un paréntesis: es un punto y seguido.

¿Qué dice Vogue?

El artículo, escrito por Chanté Joseph, se titula “¿Por qué ya no está de moda tener novio?” y plantea una idea que resuena con fuerza: estar en pareja ya no afirma tu feminidad; ya no se considera un logro. De hecho, en ciertos círculos, puede incluso generar incomodidad o vergüenza.

Joseph analiza cómo muchas mujeres jóvenes, especialmente en redes sociales, han dejado de mostrar a sus parejas. No por falta de amor, sino por una necesidad de preservar su autonomía, su narrativa, su espacio simbólico.

La soltería como elección, no como espera

Durante años, la soltería fue tratada como una sala de espera. Un lugar donde una debía sentarse, arreglarse, y esperar a que alguien llegara a “completarla”. Pero ahora, muchas hemos decidido que no estamos incompletas. Que no necesitamos ser elegidas para existir con plenitud.

Estar sola ya no es sinónimo de fracaso. Es una forma de estar en el mundo. De priorizarse. De no negociar la paz interior por la compañía equivocada. Y eso no significa renunciar al amor, sino dejar de perseguirlo como si fuera una medalla.

El espejo sin testigos

Hay algo profundamente poderoso en habitar la propia vida sin testigos. En cocinar para una, en dormir en el centro de la cama, en no estar al pendiente de los mensajes del celular. La soltería permite una intimidad radical con una misma. Una conversación sin interrupciones. Un cuarto donde nadie entra sin permiso.

Y sí, a veces duele. Porque el mundo sigue preguntando “¿y tú para cuándo?”, como si el amor solo valiera si se puede publicar. Pero también hay días en los que una se mira al espejo y se reconoce sin filtros. Y eso, créanme, también es amor.

¿Y si el amor no es el centro?

Lo que plantea Vogue no es una guerra contra el amor, sino una reconfiguración de sus formas. Ya no se trata de tener pareja para cumplir con una narrativa. Se trata de elegir desde la libertad, no desde la presión. De amar sin desaparecer. De vincularse sin perderse.

Porque muchas veces, el “novio” era más un rol que una persona. Un símbolo de estabilidad, de éxito, de validación. Pero ahora, muchas preferimos construir esa estabilidad desde dentro. Validarnos sin intermediarios. Ser nuestras propias testigos.

La soltería como estética y como ética

No tener novio ya no es solo una circunstancia: es una estética. Una forma de habitar el tiempo, de vestir, de escribir, de caminar. Es la libertad de no tener que explicar cada decisión. Es la posibilidad de reinventarse sin pedir permiso.

Pero también es una ética. Una forma de decir: no me conformo. No con menos amor, no con menos respeto, no con menos presencia. Es una forma de poner límites, de elegir con cuidado, de no romantizar el sacrificio.

Y si llega, que no interrumpa

No se trata de cerrar la puerta al amor. Se trata de no dejarla abierta por miedo a estar sola. Se trata de que, si llega, no venga a salvarnos, ni a completarnos, ni a corregirnos. Que llegue a sumar, a acompañar, a celebrar.

Porque ahora sabemos que estar solas no es estar vacías. Es estar llenas de nosotras mismas. Y eso, en este mundo que nos quiere siempre disponibles, es un acto de resistencia.

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Hello, It's me

Jennifer O. Letechipia escribe como quien lanza partículas al universo: con precisión, belleza y una pizca de caos. Es escritora, doctora en Ciencias. Su formación como QFB y especialista en medicina nuclear le dio el lenguaje de la ciencia; la literatura, el de las emociones. Hoy, los mezcla en historias que arden lento, como un reactor emocional.

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"Not everything that burns is seen... sometimes it’s only written."

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